El paseo de la vereda ofrece la cara más descuidada
El Adelanto, 11 – IV -2004
El parque Villar y Macías, en el que los niños y los mayores acostumbran a pasar las tardes, ha descuidado parte de sus características instalaciones. La vereda que comienza a la altura del espacio de juegos es la zona en la que el abandono es más evidente.
La arena que recubre la superficie desciende hacia las calles aledañas, ya que no hay una capa suficiente de vegetación para contenerla. Sólo aparecen algunas flores aisladas, que suavizan el contraste con los sectores dedicados en exclusiva a varias especies. El de las olivas es uno de los mejor cuidados.
La dejadez también afecta a las fuentes del parque. Ni las destinadas a embellecer el paisaje (hay colocadas tres construidas con granito), ni las que se han instalado para el uso de los usuarios echan agua. Incluso alguna de ellas, a juzgar por su fondo repleto de adoquines y trozos de cemento, ha sido utilizada como canasta.
La zona de juegos infantiles necesitaría un cambio de arena y una limpieza, en la que puede verse desde excrementos hasta adoquines o envoltorios de plástico. Como mal menor, las clásicas pintadas en los columpios de los pequeños.
El estado de los bancos y papeleras (otra de las curiosidades del parque por su elaboración, a base de tiras de madera) exige una renovación. En el caso de las papeleras, se puede ver cómo han arrancado algunas de las tablas. A pesar de que la madera resulta favorecedora para el mobiliario, requiere ciertos cuidados para que se conserve, sobre todo cuando se mantiene a la intemperie.
El pipi-can del parque tampoco se limpia con suficiente frecuencia. Los excrementos de los canes se acumulan en la arena y los olores en las inmediaciones desaniman a los viandantes a pasear por la zona.
La pérgola cubierta, que rodea uno de los laterales del parque, ha perdido algunas de las losas que cubrían el pasillo. Aunque en un principio esta instalación se concibió para dar cobijo a los usuarios y proporcionar sombra en verano, en las condiciones actuales en las que se encuentra difícilmente cumplirá con estos cometidos.
La escultura de Villar y Macías, que preside la entrada y presta su nombre al parque, también ha sido objeto de actos vandálicos. Aunque los daños son mínimos, su rostro no se ha librado de las pintadas.
Por último, la superficie verde suscita una nueva queja. Las botellas, papeles, latas de bebidas o envoltorios de bolsas de comida se reparten por el césped. La falta de agua está dejando un tono amarillento en la hierba.